Se ha hablado mucho de ello y se ha convertido en todo un fenómeno mundial en los medios de comunicación. Lo que se conoce como posverdad ha marcado la agenda informativa en los últimos años y son muchas veces las que se ha hecho alusión a este término, tanto que el diccionario Oxford la designó como palabra del año en 2016. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de posverdad? ¿se trata de un fenómeno nuevo o de algo que ha existido con anterioridad? ¿están los medios de comunicación preparados para combatirlo? En realidad, la posverdad es algo que ha existido siempre y creo que los medios no deben combatirla, sino recuperar su esencia y con ello habrán evitado este fenómeno.

Según la Real Academia Española, posverdad es una «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales» y se popularizó tras fenómenos destacados como el triunfo del Brexit en Inglaterra y la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses. Sin embargo, se habla de posverdad y no de informaciones falsas o, directamente, mentiras. Porque sí, la posverdad son falsedades, informaciones que surgen por distintos intereses y que son falsas para conseguir manipular a la opinión pública. Pero, ¿es esto realmente algo nuevo?. Y la respuesta, para mí, es rotundamente no. Las informaciones falsas siempre han existido, la diferencia ahora está en la rapidez en la que se propagan esas mentiras y el alcance que tienen los rumores, los bulos o las noticias interesadas. Lo que antes se contaba en el bar a los amigos o en la calle a los vecinos para difamar, lanzar rumores o buscar el propio interés (algo que ha existido siempre y que siempre existirá) ahora se hace a través de blogs, páginas web o redes sociales, lo que multiplica su difusión y consigue que muchos de ellos se conviertan en virales, sean compartidos por miles de usuarios y lleguen a los medios de comunicación.

Y ahí, sin duda, es donde debe entrar el periodismo y sus profesionales. En los tiempos de las nuevas tecnologías, la rapidez, los clics, las visitas y las tendencias que apenas duran unas horas, se publican informaciones y vídeos virales o noticias falsas sólo por que dan un buen puñado de visitas (estadísticas que después podemos utilizar para aumentar la venta de publicidad y, con ello, los ingresos) y para hacerlo antes que el resto. Todo ello implica que esas publicaciones se hacen sin verificar ni contrastar los datos. Y es que es más importante publicar antes que el resto y mientras el tema sea tendencia que contrastar la noticia.

Y es por todo ello por lo que en estos momentos recuperar la esencia del periodismo, sus protocolos y sus códigos es más importante que nunca. Algunos expertos consideran que el auge del fenómeno de la posverdad se debe al exceso de información, que impide a los ciudadanos discernir lo que es cierto de lo que no, y creen que la función de los medios de comunicación no debería ser ya la de informar, sino ser un filtro de noticias sin verificar. Y no puedo estar más de acuerdo. Es fundamental que los periodistas recuperemos las buenas prácticas para evitar que se normalicen las malas y la desinformación. Invertir tiempo en investigar, contrastar las fuentes, verificar las informaciones y no dejarse llevar por las tendencias son prácticas básicas para ofrecer a los ciudadanos información de calidad y evitar así que la tan popular posverdad tenga tanta presencia en los medios de comunicación.

 

 

Imagen:Diseñado por Freepik

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